es una realidad que el mundo nos trata de lavar el cerebro poniendo en el lo que le conviene a algunos pocos
Desde las revoluciones democráticas modernas del siglo XVII, se ha desarrollado un sistema doctrinal que sugiere que la gente debe ser controlada. A partir de esto, la comunidad intelectual llegó a la conclusión de que un gobierno debe basarse en el control del pensamiento. De este modo, "en una democracia, los gobernados tienen derecho a dar su consentimiento, pero a nada más", según el moderno pensamiento democrático liberal.
En efecto, para controlar y moldear la opinión de las masas, "los medios de comunicación, las escuelas y la cultura popular tienen que estar divididos". El conjunto de signos y mensajes que emiten los medios de comunicación, propiedad de la comunidad empresarial y financiera, tienen que estar en función a las necesidades del poder corporativo. La gente tiene que estar adoctrinada según los valores y creencias que servirán a los intereses de las corporaciones. Para tal fin, la clase tecnocrática tiene que utilizar la propaganda sistemática para inculcar y uniformar el pensamiento de los ciudadanos. "Eso importa a los poderosos de este mundo, siempre tan atento de los medios, porque así dominan la imagen que dan a conocer a la sociedad y operan sobre la mentalidad y la sensibilidad de las sociedades que gobiernan" . En ese sentido, los medios de información están ligados con centros de poder económico, como los gobiernos, universidades, institutos y empresas multinacionales, para imponer la ideología dominante y, simultáneamente, suprimir todo razonamiento disidente y rebelde. De este modo, el poder mediático intenta crear un sistema donde los recursos se canalicen a los más ricos y poderosos,

